ensuciemonos las manos
sin decoro de ningún tipo
con la angustia propia
de saberse libre
¡Saquemos a relucir las perras palabras!
-exclaman por ahí-
Contratemos de noche a unos cuantos versos
que reciten lo incólume y lo trillado
la palabra torturada a martillo y flor
la pequeña idea que por ser pequeña
es inmaculada,
intacta como una monedita de un centavo en el cajón
Regalemos un poco de todo esto
a la totalidad del ser
que es el otro
ese extraño que nos mira desde la ventana de al lado
mientras regamos las plantas
o pisoteamos las veredas,
compartamos el botín
tin-tin-tin
tinta roja, tinta negra
de esta noche casi ciega
en la que nada es uno
sín un poco del otro
¿y si no de que se trata eso que la gente llama literatura?
un poco de desidia compartida,
un poco de la hoja del nogal
que se va quebrantando para ambos
Oh si, comamos del festín literario